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miércoles, 10 de abril de 2013

EL CARTERO Y PABLO NERUDA


Crecido entre pescadores, nunca sospechó el joven Mario Jiménez que el correo de aquel día habría un anzuelo con que atraparía al poeta. No bien le había entregado el bulto, el poeta había discernido con precisión meridiana una carta que procedió a rasgar entes sus propios ojos. Esta conducta inédita, incompatible con la serenidad y discreción del vate, alentó en el cartero el inicio de un interrogatorio, y por qué no decirlo, de una amistad.

¿Por qué abre esa carta antes que las otras?

Por qué es de Suecia.

¿Y qué tiene de especial Suecia, aparte de las suecas?

Aunque Pablo Neruda poseía un par de párpados inconmovibles, parpadeó.

El premio Nóbel de Literatura, mijo.

¿Se lo van a dar?

Si me lo dan, no lo voy a rechazar.

¿Y cuánta plata es?



Antonio Skamenta





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