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miércoles, 30 de enero de 2013

RETRATO




Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
Y un huerto claro donde madura el limonero;
Mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
Mi historia, algunos casos que recordad no quiero.

Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuantas ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
Pero mi verso brota de manantial sereno;
Y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
Y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. dejar quisiera
Mi verso, como deja el capitán su espada:
Famosa por la mano viril que la blandiera,
No por docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar con Dios un día-:
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, de nada os  debo; débeisme cuanto he escribo
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
El traje que me cubre y la, mansión que habito,
El pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
Me encontrareis a bordo ligero de equipaje,
Casi desnudo, como los hijos del mar.

Antonio Machado

1 comentario:

Maruja dijo...

María, una belleza. Un beso.